Volvamos a confiar?… No gracias.

Cierto es que en la vida uno se ve enfrentado a decisiones difíciles. Esta es una de ellas. Luego de pensarlo, por un par de años al menos, he decidido no renovar un compromiso que asumí por años y al que le di algo más que tiempo.

Abracé el compromiso pensando y porque difería radicalmente del gobierno que por ese entonces controlaba, a sangre y fuego, los destinos de nuestro país. Fui, soy y seré un defensor de los derechos humanos y principalmente de trabajar para abrir caminos y entregar oportunidades a los más necesitados y postergados de esta sociedad injusta que hemos construido y mantenido.

No me voy con pena o nostalgia, más bien con desilusión y frustración. Algo sucedió en el camino que nos transformó en una organización de poder y no de opción humanista y mucho menos cristiana. Los hambrientos de poder se tomaron los ideales, los hicieron añicos, reescribiendo las prioridades. Y ellos se autodenominaron las prioridades, solo trabajaron para ellos.

Hubo y hay notables excepciones, con quienes tuve la oportunidad de trabajar y aprender que no somos un instrumento de poder, sino de cambio.

Mucho he pensado en el compromiso notable de quien influyó en mi formación inicial. Carlos, amigo de mi vida, quizás te cueste comprender mi opción, pero la verdad es que creo ser consecuente con lo que hablábamos y analizábamos en esas largas jornadas de conversación en tu oficina de calle Yerbas Buenas, allá por 1984.

Para mi al menos, el sol sigue brillando.

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