Ni una menos

Le respondía a un amigo sobre su posición respecto a “Ni una menos”. Me pareció interesante llevarlo a mi muro de Facebook y expresarlo como mi personal opinión. No me interesa abrir debate, sólo fijar posiciones. Esta discusión que se ha dado en estos días me ha servido mucho para ir formando opinión y en algunos casos limpiando mis contactos de Facebook.

Sucede que efectivamente hay agresiones a ambos géneros. Pero sin duda el género femenino es agredido, ultrajado, maltratado y abusado en honor al famoso “sexo débil”.

  • He ido a muchas entrevistas de trabajo, nunca he sentido que el entrevistador me mire “el paquete” y que de eso dependa mi pega.
  • Nunca me ha sucedido que una mujer de mi misma preparación y en mi mismo puesto gane un 30% más que yo, al contrario, habitualmente ganan menos.
  • Cuando me topo en la calle con un grupo de mujeres, nunca me ha sucedido que me impidan el paso o me digan cosas de mal gusto. Cierto es que me han dicho cosas, pero simpáticas.
  • Si me pongo ropa de un tipo o de otra, me da lo mismo. Nunca me ha sucedido que alguna mujer me acose en el metro.
  • Salgo por las noches y no me da temor.
  • La isapre me trata muy bien, de hecho el plan que tengo me cuesta un 50% más barato de lo que le cuesta a la madre de mis hijos pequeños. Porque ella está en edad fértil, y eso al parecer es un pecado muy grave.
  • Nunca me han rechazado en un trabajo por tener hijos pequeños o recién nacidos. Sin embargo, he visto cómo mujeres son eliminadas de procesos de selección por eso.
  • Nunca me han pedido que firme un acuerdo extra laboral, que diga que no tendré hijos en los próximos 3, 4 o 5 años.
  • Cuando mis hijos salen de noche me preocupa que no tomen en exceso, que se vengan con cuidado. Cuando mis hijas salen me preocupa que algún imbécil las vaya a molestar o agredir sexualmente porque ellas “andan provocando” y como el hombre es hombre debe satisfacer sus necesidades.
  • A mis hijos no les debo recomendar que tengan cuidado con su trago en las fiestas. Mis hijas saben que no deben dejar su vaso por ahí, y si lo pierden de vista, que pidan uno nuevo y limpio.

Les quiero decir con todo esto que hoy hay una lógica de violencia, no solo física, sino que psicológica y social contra las mujeres. Cada vez que un picante mira a una mujer en la calle, como si fuera un objeto sexual, debemos intervenir y no proteger a la mujer, sino encarar al picante.

Cada vez que en nuestros trabajos se discrimina por el genero, debemos ser capaces de condenar y pedir igualdad. Ellas hacen el mismo trabajo que nosotros, con los mismos riesgos y el mismo talento, ¿porque pagarles menos?.

Cada vez que una mujer es agredida, violentada, menospreciada por su condición de mujer, la sociedad se violenta y se menosprecia.

En esta vuelta no somos los hombres el centro, nunca deberíamos haberlo sido en mi opinión.

Mientras no dejemos de escuchar frases como “ella se lo buscó vestida así”, “se lo merecía por andar provocando”, “bueno, para qué se casó si sabía como sería la cosa”, no habremos avanzado nada.

Como dice Tito Fernández, “tus manos no son para golpearla, sino para acariciarla”

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