La Teletón

Una madre con su hija en silla de ruedas se acaba de bajar en la estación Ecuador del metro. En el respaldo de la silla un logo de la Teletón, y no puedo evitar pensar en el valor de la silla y el tratamiento de esa hija, en las horas de rehabilitación y en la inversión necesaria para que ella pueda llevar, no sólo una vida digna, sino una vida alegre dentro de su realidad. Realidad que, por cierto, siempre se sostiene en la esperanza y en la factibilidad de lo imposible.

La Teletón no es el 2 y 3 de diciembre y cada tres años. La Teletón es cada día del año, cada niño que llena de esperanza su corazón, cada profesional que trabaja para que ese niño tenga esperanza, pero fundamentalmente para que tenga dignidad ante sí mismo y no necesariamente ante una sociedad indolente y que cree que las “27 horas de amor” son la Teletón.

Que Don Francisco se embolse plata, que los artistas cobren o que las empresas se luzcan aportando con las jugosas utilidades de nuestras compras, me da lo mismo. De no mediar está campaña la Teletón no tendría nada.

Algunas vez hace años, tuve la maravillosa oportunidad de conocerla por dentro. Para algunos por desgracia, para mi por gracia, tuve la oportunidad de llevar llevar a mi hija a rehabilitación. Cierto es que su particular patología era irreversible y no tenia sentido usar un cupo, que por cierto son limitados, y negar la posibilidad a otro niño que si podría aprovecharlo. Pero en el tiempo que asistimos nos tocó conocer realidades que más que conmover, te derribaban paradigmas de vida. Te cambiaban la visión de lo importante y lo esencial, quizás por eso es mi posición frente a las adversidades.

La madre que todos los días se levantaba a las 4 de la mañana para llegar desde Colina hasta Alameda con Purísima, me decía que ningún sacrificio era suficiente comparado con el progreso que había tenido su hija de 6 años, que ya podía mover sus piernas mínimamente, inútilmente para algunos. Pero para ella abría un universo de esperanza.

Aporte lo que pueda, pero también lo que dignifique. El equivalente a una caja de balas, para mis amigos del tiro; tres botellas de vino para mis queridos “enólogos”; un par de almuerzos para los sibaritas; siete cafés con piernas para los califas; una sesión de uñas o una tintura para mis amigas vanidosas. Aporte lo que quiera, pero aporte. Y cuando aporte siempre tenga en mente que la Teletón es de todos nosotros, ¿y sabe por qué?, porque todos podemos ser usuarios en algún momento. Y créanme, la perspectiva es otra.

Así que este fin de semana haga un aporte considerable y tenga claro que siempre será insuficiente.

Y a los “Grinch” de la Teletón, espero que nunca deban bajarse en el metro Ecuador y usar el ascensor para discapacitados.

Y no puedo dejar de decir que el aporte estatal a la Teletón debiera ser el 2% de la ley del cobre.

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