Lectura por hábito

En mi casa paterna siempre hubo mucho para leer. Desde chico las historietas de Mampato, las Paula y Vanidades de mamá, las Ercilla, Que Pasa y Hoy de papá. Ellos siempre con dos o tres libros en su velador, costumbre que mantienen hasta el día de hoy y que no deja de impresionarme. Devoradores de libros, lectores por hábito, era frecuente verlos leyendo a pesar del trabajo y los 5 hijos. Ellos leían mucho y hoy seguramente más aún.

Mi papá leía el diario completo todos los días, años después entendí porque siempre sabia de todo y se podía hablar con él de cualquier tema.  De una ortografía asombrosa y una redacción fácil y comprensible, pero consistente y fundamentada. No podíamos salir sino buenos para leer.

Y será por eso que nunca me extraño de que mis hijos también sean lectores. Cierto que hoy usan las tablet, los notebook y los celulares. Pero leen algo más que los carteles de las calles y Facebook.

Yo terminando un libro y pensando en el siguiente, cada vez que pongo el marcador de páginas me acuerdo de mis viejos queridos.

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