Cuando lo real es irreal, lo bueno malo y lo penca se premia…

Vivimos en una sociedad en que las fantasías más horrorosas se hacen cruel realidad. Las llamas, superando a todas las fantasías hollywodenses, han devastado un país. Arrasando con el esfuerzo de años de hombres y mujeres de nuestra tierra. Llevándose los sueños y las esperanzas de una vida, que sin ser óptima, al menos era llevadera y por sobre todo muy digna.

Mientras esto sucede, todos se pelean por estar en la foto y ojalá con las mangas arremangadas y una pala en la mano, aunque con dificultad saben como se empuña. Como el papelito de los 33, al menos ahí hubo un final feliz y se la jugaron por vencer a la adversidad. Aunque fuera haciendo cálculos electorales, no importa, se logró la meta (aunque no los votos).

Con el terremoto todos querían sacarse una foto con el edificio Alto de Río, mientras bomberos luchaba por llegar a los sepultados y sacarlos con vida. Y cuando el aluvión arrasó con Chañaral, Salado y otras localidades en la tercera región, todos fueron, se fotografiaron y nunca más siquiera preguntaron como estaba esa gente.

Pero todos nos felicitamos, nos abrazamos y hasta creímos que lo hacíamos la raja y nos fuimos a dormir convencidos de que lo habíamos hecho bien. Nunca nos detuvimos a pensar en qué verían mañana los afectados, cuál sería su esperanza cuando lo único que les dejó la naturaleza fue la posibilidad del ver el sol otro día.

Y con la misma desidia con que envolveremos con las noticias de hoy el pescado de mañana, también olvidamos las inoperancias, las ineptitudes y los fracasos, que por cierto nunca dañan el patrimonio de los autores, sino el de los demás chilenos. Es el caso de las y los, siguiendo la majadería de hacer la distinción de género, que lo han hecho mal una y otra vez. Hoy vemos como se nombra en cargos de bajo perfil, pero alta remuneración, a gente que ha sido removida por inoperante de cargos de alto perfil. Total, luego los nombramos en un buen puesto, tranquilos, “la gente olvida”, “a nadie le importa” y “que más da”.

Supongo yo que así deben pensar, porque así se comportan. En este mundo se premia a los incapaces y se posterga a los capaces.

He visto, en mi ya larga vida en estos ambientes, que los capaces son postergados, los justos son mirados a menos y los que piensan en el país y trabajan por él son menospreciados o vistos como peligrosos, extraños e inadecuados.

Y no hablo por mi, estoy muy lejos de ser parte de los capaces, de los justos, de los sacrificados. Pero conozco a muchos, tengo el honor de conocerlos, en todos los gobiernos, de todos los colores, en todos los partidos. Los reconozco y me siento orgulloso de que me consideren un amigo.

Pero me indignan los arreglines, los contubernios, el premio a la mediocridad. Cuando ilusamente creen que no importa porque hay lealtad, “es penca pero leal”. En lo personal considero que la lealtad debe tener acompañada eficiencia. En los trabajos la lealtad se demuestra con excelencia, así lo he visto, así lo he hecho.

Pero el caso de la señora de apellido Clarito o Blanquesino o Pálido, ya ni quiero recordarlo, me parece indignante, ofensivo y me siento humillado, ultrajado, menospreciado como ciudadano.

La consigna pareciera ser:

“Hágalo mal, metas la patas y las manos, no importan. Júreme lealtad y lo premiaré…”

Hay algo que está mal en nuestra sociedad, y no porque ellos los hagan, sino porque nosotros lo permitimos.

Los invito, los insto, les exijo con toda humildad, que hagamos algo por cambiar nuestro país. Y no sólo ir a votar cada cuatro años por los mismos inoperantes, bajo distintas banderas, bajo distintos contubernios. Debemos levantar la voz, somos el pueblo, tenemos el poder, somos quienes decidimos. El problema es que no lo sabemos y siempre es más fácil dejarle la pega a otros.

Tenemos el poder no sólo de votar y elegir, sino también de derrocar y sepultar, pero principalmente de reconstruir…. siempre por la vía constitucional.

Un abrazo, mucha esperanza y toda la decisión del mundo, el futuro es nuestro y lo forjamos día a día.

Cristian Gamboa Beltramín
Hijo de Domingo y Estela, gracias por eso.

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